Pero todo nos parecía un mundo. Cuando se marca el carácter y todos los días son un aprendizaje. Aún hoy, siguen siéndolo.
Solía relacionarme con todos los niños e intentar hacer sentir bien a todos, que nadie se sintiese excluido. Creo que es uno de los peores sentimientos que puede sentir un niño. Siempre buscaba ser el punto de unión.
Con mucha personalidad, recuerdo que me ayudaba en ocasiones, mientras me perjudicaba en aquellas en las que no sabía controlar mis emociones. 30 años después, sigo en ello. Aprendiendo a gestionarlas.
Una niña transparente. Lo que veías era lo que había. Sigo igual.
He cambiado tanto y tan poco…
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